Hace un par de años Aletas Herrera y Sisy Quiroz se dieron cuenta que las mujeres más cerca a los treinta que a los veinte años, no podían seguir jugando fútbol. Aunque eran jóvenes y tenían un mundo por delante, no había donde. Los clubes profesionales de fútbol femenino tenían sus ojos puestos en las chicas que salían de los colegios. Las canchas de la ciudad era un monumento a la testosterona. Habían jugado fútbol la mayor parte de sus vidas y de repente debían colgar los chimpunes.

Era una tontería. Una estupidez. Pero detrás de todo obstáculo idiota que te pone en frente la vida, está una oportunidad. Sisy Quiroz llegó a ser la arquera de la selección peruana, conocía de cerca casos de mujeres que por la edad o la maternidad debían dejar de hacer las cosas que las hacían felices. Aletas conocía a decenas de ex alumnas que se habían alejado del fútbol al acabar al colegio pero que extrañaban defender los colores de su equipo. Quién decidía que una mamá no podía jugar un partido o que una abogada no podía dejar su traje de sastre por el short y las camisetas de fútbol. Nadie. Sin embargo no había dónde jugar.

De esa necesidad pura, nacieron las pichangas domingueras. Un grupo de amantes del deporte más hermoso del mundo decidieron juntarse. Volver a un deporte que ya formaba parte de su personalidad. Tenían caracter porque no se puede jugar en constante duda. Sabían trabajar en equipo porque es la única forma de ganar. Eran competitivas porque no hay nada mejor en este mundo que campeonar. Ese espirítu fue lo que las hizo crear la primera Liga 7 de fútbol femenino. Esperaban seis equipos, se inscribieron 16. Hoy cada mes aparece una nueva liga u academia abriendo su espacio a las mujeres.

Una academia de fútbol para mujeres adultas

Las ligas surgieron como una forma de desahogo, y de pronto se vieron finales de campeonato con más de 500 personas alentando. Acostumbradas a jugar en silencio, volver a sentir el aliento de familiares y amigos, fue una victoria en sí misma. Cada día iban apareciendo más chicas que retornaban a las canchas o que simplemente querían aprender. Se fueron formando equipos. Fortaleciendo amistades.

Entonces sucedieron cosas que ni Sisy o Aletas podían preveer, el fútbol las había juntado, pero lo que tenían ante ellas era algo más. Las chicas que empezaban nerviosas, domingo a domingo iban encontrado una seguridad que se notaba no sólo en la cancha. Todas habían sufrido algún tipo de discriminación por que les gustaba el fútbol. Esas canchas les permitía ser ellas mismas. Libres de los esterotipos empezaron a convertirse en mujeres que no querían perder fuera o dentro de la cancha. La liga 7 empezó a crear semillas de mujeres que no aceptan el orden establecido.

Una forma de rebeldía que llegaba a cada casa o trabajo, y provocaba una discusión sobre los roles de la mujer. El cambio no es algo que sucede de la nada. Si cada vez hay más personas que consideran normal que las mujeres amen y jueguen el fútbol, se da un golpe al orden establecido. Para que finalmente todos entiendan que sólo una mujer, y nada ni nadie más que ella, puede escoger que hacer o nocon su vida. El reto entonces no era crear una liga, sino un camino que permita un cambio permanente y sostenible en cualquier lugar.

¿Por qué va a cambiar al Perú?

La idea de las fundadoras de la Liga 7 es crear academias de fútbol inclusivas. Son una empresa social cuyo éxito radica no en tener más donaciones, sino en crear una oportunidad a toda mujer que ama el deporte.  No excluir ni por edad ni por género ni por estado social el acceso a practicar de forma segura un deporte. Y entre los entrenamientos recibir una capacitación que les permita superar los retos que están más allá de los gramados. 

Mujeres enseñando a jugar fútbol a otras mujeres, pero también empoderándolas. Enseñándoles que no sólo es posible hacer lo que ellas quieren, sino que es una causa justa. Preparándolas para el reto continuo de vivir en un mundo dominado por hombres. Pero también divirtiéndose, pasando un rato libre de prejuicios. Algo que fortalezca el cuerpo pero también el espíritu.

El principal reto es demostrar que el fútbol puede provocar el cambio social y no solo producir barras bravas. Saben que tendrán que crear indicadores que lo demuestren, que no es un trabajo de sólo un mes. Hay otros casos alrededor del mundo en donde el deporte a ayudado a cambiar la forma en la que son percibida las mujeres. En Cánada, cuenta Aletas, utilizaron el hockey femenino para desprejuiciar a su sociedad. Por eso necesitan toda nuestra ayuda. Para que no sea sólo una buena idea, sino que pronto se haga una realidad. 

 

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