Este año la italo venezolana Laura Biondo se ha convertido en una de las mejores futbolistas de estilo libre del mundo. Ha ganado el campeonato europeo, el Open Latino, y el Super Ball, torneos de freestyle abiertos a los que había llegado al podio pero que ésta vez consiguió quedarse con el primer lugar en cada una de esas competencias.

Biondo ya era una de las cinco mujeres que podía vivir haciendo freestyle. Ha aparecido en una decena de canales de televisión en inglés, español e italiano. Ha participado en programas en tres continentes diferentes y ha aparecido en comerciales como la chica que podía jugar mejor que un chico.

Tiene cuatro récord mundiales como la mujer que más trucos pudo hacer en un minuto (57); la mayor cantidad de cabecitas (218), la mayor cantidad de pataditas a una pelota estando sentada durante un minuto (103) y la mayor cantidad de pataditas en un minuto (135). Cuando Laura hace malabares con una pelota, logra que cualquiera piense que se trata de magia pura.

No ha sido fácil llegar ahí. La venezolana se ha pasado casi una década perfeccionando trucos y acrobacias que harían palidecer a un futbolista profesional. Una década de competencias quedándose demasiado cerca del podio. Una década de tener una vida nómade, llevando además de equipaje un mensaje cada vez que no dejaba caer una pelota. Desde la India hasta Abu Dhabi, desde Vancouver a Roma, desde Londres a República Checa, les decía sin palabras a todos esos sorprendidos testigos de su talento, que las mujeres pueden convertirse en lo que se propongan.

Hacer trucos con la pelota para los amantes del juego vertical es una pérdida de tiempo. Un lujo que debería estar prohibido. El estilo libre propone quitarse las ataduras de lo práctico y sumergirse en el arte de no dejar caer una pelota. Su escenario ideal es donde este la persona que lo practica. Su aspiración no son los goles, sino animar a una audiencia. Es una forma de fútbol enfocada en la fantasía, aquello inesperado que hace que los defensas se queden calvos. Aunque por su entrenamiento — muchos practican hasta ocho horas diarias— parecen esclavos de la pelota. Lo cierto es que el balón los ha liberado del prejuicio de que algo es imposible.

En su equipaje lleva un mensaje. esde la India hasta Abu Dhabi, desde Vancouver a Roma, desde Londres a República Checa, cada vez que no dejaba caer una pelota, les decía sin palabras a todos esos sorprendidos testigos de su talento, que las mujeres pueden convertirse en lo que se propongan.

Hay videos de chicas que lo practican con tacos, escotes y vestidos, pero para las profesionales la ropa deportiva les sirve para que el truco es el protagonista. Muchas de las chicas que empiezan en el freestyle lo hacen por un instinto competitivo. Laura Biondo recuerda ver a sus hermanos jugando mientras ella practicaba algunos trucos con la pelota al costado del campo. Nació en Venezuela hace 26 años, su familia se mudó a Estados Unidos donde vio por primera vez a mujeres jugar fútbol. Inspirada por la potente selección capitaneada por Mia Hamm —su heroína— empezó a jugar fútbol. Luego cuando su familia se mudo a Italia ella se dedicó a estudiar negocios y a jugar en un club profesional de fútbol. Ella pudo haber perseguido esa meta, pero una lesión hizo que cambiará de dirección.

Recuperarse y todavía encontrar un camino con el fútbol fue como una ave que descubre que aún puede alzar vuelo con una ala rota. Biondo sin saberlo es un típico caso de cerebro de malabarista. Unos científicos de la universidad de Washington descubrieron al ver decenas de resonancias magnéticas de artistas del equilibrio, que el continuo movimiento de objetos, estimulaba la estructura del cerebro. Cuando un freestyler mueve la pelota hacia el cuello con un sólo movimiento o consigue que una pelota se duerma sobre su cabeza lo que ocurre con el cerebro es que aumenta su materia gris. De la misma forma en que un músculo se fortalece, el cerebro también lo hace al ser estimulado por los diversos sistemas que controlan los músculos durante una acrobacia. Acostumbrándose a hacer cosas que no debería poder.

Una de las primeras personas en hacerse famoso por hacer trucos con el balón fue Enrico Rastelli, uno de los mayores malabaristas del mundo. Perteneciente a una familia circense, este italiano a principios de siglo XX sorprendía con sus habilidades una pelota. Podía, como Laura, hacer que la pelota girara alrededor de su cabeza de lado a lado.

Sin embargo quién hizo popular el estilo libre, para muchos de los que recién empezaron fue Diego Armando Maradona. Hay decenas de videos realizando piruetas como si fueran simple calistenia que inspiró a una generación que nunca llegarían a jugar en Barcelona, pero que podían simularlo sus movimientos.

Uno de los pioneros en hacerlo fue Mr. Woo. Un coreano cuyas habilidades con el balón sorprendieron tanto a Ronaldinho que a la fecha, es a la única persona a la que el astro brasileño le ha pedido autógrafo. Mr. Woo fue el primero en hacer mucho de los trucos que ahora se ven en competencia. Aunque sólo un puñado de estos artistas callejeros pueden vivir de sus piruetas, en las mujeres ese número es aún más reducido.

Por eso la noticia de que Laura Biondo acaba de ser aceptada para llevar sus trucos a un espectáculo del Círculo del Sol, sólo puede significar que ha alcanzado lo más alto de su carrera. Llevando un deporte callejero a una forma de arte en movimiento

Hay videos de chicas que lo practican con tacos, escotes y vestidos, pero para las profesionales la ropa deportiva les sirve para que el truco es el protagonista.

Cuando compite Laura Biondo cada vez que ve que su rival utiliza la manos para un truco ella se golpea la mano en señal de que no está bien. En el freestyle competitivo todo está permitido, pero usar las manos va en contra del propósito del deporte que ama.

Este año cuando ganó el torneo Superball que se desarrolló en Liberec una ciudad de la República Checa, lo hizo de la misma forma. Se enfrentó a Lucía Kevická de 23 años quién a pesar de tener trucos similares, tenía dificultades en las transiciones. Son batallas de tres minutos, donde cada una tiene treinta segundo para sacar lo mejor de su arsenal. Al final los jurados compuestos, por ex jugadores o freestylers ya campeones, deciden como espectadores quién se llevó la pelea. En este caso la habilidad de Laura de empezar en una posición sentada y luego pararse de manos y sostener la pelota entre la pantorrilla izquierda y sus glúteos, fue lo que terminó por inclinar la balanza hacia su lado.

Si bien compiten entre ellas, las batallas, incluso una reñida como esa, acaban con un abrazo. Capaces de hazañas acrobáticas, están conscientes de que el único rival real es uno mismo. Ahora es tiempo de celebrar. Pero sólo un poco, pronto deberá llevar esa pelota a escenarios todavía más grandes.

 

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