El resultado más repetido del Clásico es el 2 a 1. En 230 enfrentamientos a lo largo de más de cien años, este resultado representa la rivalidad deportiva más entretenida y duradera de la historia.

Es un drama de noventa minutos que nos enseña que un rival puede sacar lo peor y lo mejor de uno.

Si confiamos en los números es un espectáculo asegurado. En los últimos 18 partidos ningún equipo pudo mantener intacta su valla. No importa si se realiza en Camp Nou o en el Santiago Bernabéu como los goles se dan por descontado lo que interesa es como llegan. 

Las apuestas en línea son una prueba de esta tendencia. Ofrecen recompensas insólitas a quién asegure con su dinero que el Real empezará ganando y luego perderá por siete goles, se le pagará cinco mil euros. Si no hay saques de esquinas en todo el encuentro paga 81 euros. Y si no hay tarjetas en los noventa 51 euros. Son detalles, pero en este partido cada detalle importa.

Pocos partidos hacen tanto hincapié en la forma de jugarlo

Si uno derrota al otro debe hacerlo de forma sin altanería ni trampas a cambio reciben el respeto del rival. Como aquella vez que Ronaldinho se llevó los aplausos de hasta el más fanático vikingo.  

Como en todo clásico los golpes que ocurren en el calor de un partido pueden provocar broncas masivas.

Sucede que no sólo es un juego. Representan una visión del mundo: la derecha blanca vs  la izquierda blaugrana. Durante mucho tiempo fue la lucha entre David vs Goliath, pero desde el 2000 el Barcelona dejó de ser David y se convirtió en otra forma de Goliath. Sus jugadores definen finales del mundo, pero vinieron de su cantera. Mientras que Real Madrid continua comprando lo más selecto del fútbol, incluso contratando astros de su rival de toda la vida.

Verlos pelearse por una pelota nos provoca un entretenimiento similar a la mejor ficción Turca

No es un evento que sólo interesa a los fanáticos del fútbol.

Cuando se juega el orgullo entre ambas escuadras, todos quieren ver que sucederá. Y ha pasado de todo. Desde la cabeza de chancho que los hinchas culés le lanzaron a Figo por cambiarse de equipo, la pelea entre Mourinho y Guardiola, y diversas formas de venganza, como la de un Samuel Etó que aunque nació en la canteras de Madrid jamás pudo ascender a su primer equipo. En Barcelona Etó se convirtió en uno de los referentes. Siempre dispuesto a llenarle de goles a la casa que no le dió la oportunidad. 

Jugar en cualquiera de los equipos es un logro enorme. Los rostros de los titulares son parte de campañas publicitarias globales. Son idolatrados por hombres, mujeres, niños y abuelitas.

Cuando se enfrentan los jugadores más talentosos de la época lo inesperado es lo normal. La atónita mirada de 600 millones de personas alrededor del planeta hace que un caño a un defensa o tirar una pared milimétrica o anotar un gol imposible faltando segundos para el pitazo final, eleven la calidad técnica a fantasía. Ser el héroe de un clásico puede hacerte ingresar a la historia del club. 

Es la mayor telenovela deportiva de la historia. Basta observar esa alineación que podrían derrocar a cualquier selección nacional. Verlos pelearse por una pelota nos provoca un entretenimiento similar a la mejor ficción Turca. Ofrecen un argumento único: los goles llegan casi siempre en los primeros quince minutos del partido o en el último trecho. Son partidos para agitar corazones y aunque no seas de ningún club (cosa rara), incluso si el fútbol no te llama la atención, verlos te convierte en creyente

Aunque los protagonistas cambien, los sistemas de juego se transformen, los cánticos de los hinchas permanecerán en el tiempo.

Solo vale la pena vivir en un futuro que incluya como una de sus tradiciones al Clásico, la madre de todas las rivalidades. 

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