Haciendo referencia a la frase “dejar todo en la cancha” nosotras nos la tomamos muy en serio. Hemos dejado sudor, lágrimas, piel y hasta sangre. Pero bueno, ¿quién no ha sufrido por su amor al fútbol?

1. Las interminables quemaduras

Muchas jugamos en césped sintético. Las barridas y caídas no van de la mano con este terreno de juego. Muchas terminamos con quemaduras, raspones y heridas. Prácticamente el cargar con un botiquín en la mochila es una obligación para poder limpiar y curar los estragos que dejó el partido.

2. Esos golpes que noquean

Con la emoción del partido, es fácil que a nuestra contrincante o a nosotras mismas se nos exceda la fuerza. Muchas hemos sufrido un codazo, una pisada, un pelotazo en la cara, este último hasta nos ha podido noquear. Pero no nos rendimos después de todo eso y seguimos jugando, aunque sepamos que al día siguiente despertamos con fuertes dolores en todo el cuerpo.

. Lindas piernas en esos moretones.

Te lo aseguro, te va a pasar y vas a recibir patadas, es un juego brusco y es normal. Tus piernas se irán acostumbrando al color morado que irá apareciendo casi siempre que termines un partido. Te recomendamos que cargues con cremas para esos moretones.

4. La marca de toda futbolista

¿Quién no ha terminado con el dibujo de la pelota en la piel? Es muy común, sobre todo si eres defensa, eso de bloquear disparos es un trabajo duro. Muchas hemos tenido el balón estampado en la piel por días luego de un partido.

5. Nuestras compañeras dentro y fuera de la cancha

Las ampollas, se convertirán en tu nueva gran amiga y compañera dentro y fuera de la cancha. Será mejor que estés preparada para poder seguir jugando si es que se te aparece una.

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