Llegar a la final de un campeonato es un gran paso, pero a la vez una gran responsabilidad. Los nervios, las dudas y el cansancio te afectan. Pero al final del día tienes que entregar lo mejor de ti para lograr los objetivos del equipo.

  1. La previa al partido

Los nervios y  las dudas es el tema a controlar. Es normal sentirlos, lo ideal es dejarlos de lado y concentrar la cabeza en otra cosa. Luego de la fase de los nervios, llega la imaginación. Tu mente vuela, te imaginas cada jugada, los pases, el gol y la celebración.

Un buen consejo es que nos dio Piqué para la final del Mundial del 2010 en el programa Informe Robinson. El jugó ping pong para distraer su mente y no martirizarse por lo que se venía.

  1. El pitazo inicial

Uno de los momento más esperados, cuando suena tu mente se mete de lleno en el juego. Todos tus nervios y dudas quedan de lado. Pero empiezan noventa minutos de demostrar porque llegaron hasta esta instancia.

Pero una cosa es empezar el partido y otro es estar en la banca esperando tu oportunidad. En aquella zona técnica te comes las uñas por cada jugada que realizan tus compañeras.

  1. Si anotas

Cuando tienes la ventaja, no todo es alegría. Si bien el rival saldrá con fuerza por el empate, tienes la ventaja del manejo de nervios. Conforme va pasando el tiempo, ellas están más nerviosas. Es una buena idea jugar con esa emoción.

La diferencia la hace, cuando eres tu la que anota, es una sensación indescriptible. Por unos segundos te sientes la persona más importante. Tu confianza crece y tu alegría de apoyar a tu equipo no tiene comparación.

  1. Cuando te anotan

Cuando vas perdiendo es lo más desesperante que hay. Vas midiendo el tiempo, te vuelves casi loca por conseguir el empate. Si en caso de empate piensas: “bueno estamos empates, vamos por el desempate”.  Si te descuentan, no te desesperas, mucho, pero igual tienes cautela.

  1. Minutos finales

Tus minutos finales dependerá mucho del resultado. Si vas ganando, te tomas todo el tiempo del mundo para todo. La idea es que corra el tiempo, no hay otra. Si están empatando, bueno, hay dos opciones. La primera es la resignación a la prórroga o salir a buscar la victoria. Todo se pone diferente cuando vas perdiendo, la cabeza la tienes en el arco rival y quieres anotar a toda costa. Esto puede ser un arma de doble filo ya que al buscar desesperadamente te pueden agarrar mal parada.

  1. Penales

Los penales son una tortura. No hay momento de tranquilidad. Todas las de tu equipo están pendientes de lo que pasa, de quién falla o quién acierta. Cuando vas a patear el penal, se siente la presión. Ahí hay dos opciones, no más. Si fallaste, vas a querer estar tres metros bajo tierra. Si aciertas soltaras un suspiro largo y seguirás a la espera.

  1. Post partido

Acá vienen las 2 caras de la moneda. Si ganaste, eres feliz, tu equipo es feliz y por ende todo el mundo es feliz. Te sientes en la cima de todo y no hay mejor sensación en ese momento.

Si perdiste la final, prepárate para pasar la semana repasando cada detalle del partido para encontrar el porqué de la derrota.

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