El sub veinte de Papua Nueva Guinea ha iniciado. Dieciséis selecciones, 336 jugadoras y un sueño cumplido. Vestir los colores de tu país en un mundial.

1. Cuando te convocan.

Representar a tu selección es un locura. Es algo que te distingue de millones de personas. Sólo un puñado de mujeres sabrá lo que siente tú. Es el sueño. El lugar donde cualquiera aspira estar. Sentir que tu corazón late por todo el país. Como Mariana Speckmaier, de Venezuela, quién todavía no puede creer que ella sea la 18 de su selección.

Mariana Speckmaier celebrando su gol ante Alemania. 
Mariana Speckmaier celebrando su gol ante Alemania. 

 Un día cualquiera esta delantera recibió un llamado especial de José Catoya, entrenador de la sub 20, quién la había visto jugar en Estados Unidos. Su convocatoria fue inesperada, pero no dudo en aceptar. Aunque su selección cayó  en su primer partido ante Alemania, por tres goles. Ella fue la encargada de anotar el del honor, que cerró el marcador. 

2. Vas por la calle y nada te puede desanimar.

Tal y como le pasó a Deyna Castellanos. Como no solo hace lo que más le gusta, sino que lo hace bien. Cada vez que vemos Deyna es la máxima expresión de la alegría de hacer las cosas bien. Ella llena de orgullo a toda su nación y a Latinoamérica con sus actuaciones.  Todas las futbolistas que alguna vez han jugado por sus selecciones se sienten orgullosas de que todo su esfuerzo haya valido la pena.

Deyna Castellanos en el Sudamericano sub 17, diputado en Venezuela. Castellanos es y será el orgullo de Venezuela. 
Deyna Castellanos en el Sudamericano sub 17, diputado en Venezuela. Castellanos es y será el orgullo de Venezuela. 

3. La pasión (y la presión) aumenta

Si bien ya eres hincha de tu selección, al estar dentro sabes que todo un país va estar detrás tuyo. No es igual que jugar por tu club. Es en ese momento que se define la frase que en la cancha de deja hasta la piel.

Anja Mittag logrando el título soñado desde pequeña con su selección. El haber ansiado este título la llevó hasta las lágrimas. 
Anja Mittag logrando el título soñado desde pequeña con su selección. El haber ansiado este título la llevó hasta las lágrimas. 

4. El honor vale más

Una vez que representas a tu selección sabes lo que es realmente el honor. El no dejar que te encajan un gol, defender cada balón. Sabes que una jugada puede darte la victoria o la derrota, la de tus compañeras y sobre todo el de tú país está en juego.

Abby Wambach luego de haber ganado la final del mundo, Canadá 2015. El único título que le faltaba, no hay jugadora que haya defendido más el honor de USA que la eterna capitana, Wambach. 
Abby Wambach luego de haber ganado la final del mundo, Canadá 2015. El único título que le faltaba, no hay jugadora que haya defendido más el honor de USA que la eterna capitana, Wambach. 

5. Todo es más intenso.

Qué vas a saber lo que es la tristeza si jamás viste a tus compañeras llorar tendidas en el campo luego de una eliminación. Y pesa más cuando los colores que llevas son los mismos que están en tu bandera. Pero sobre todo, qué vas a saber de alegría cuando dijeron tu nombre como parte de la nómina para jugar un campeonato por tu país. Es vivir la pasión del fútbol multiplicado por cien.

Gaitán y Rincón llorando tras haber quedado eliminadas en el Mundial de Canadá 2015. La tristeza se puede ver a travez de sus ojos. 
Gaitán y Rincón llorando tras haber quedado eliminadas en el Mundial de Canadá 2015. La tristeza se puede ver a travez de sus ojos. 

6. Aprendes lo que es amar de manera incondicional

Estar dentro de la selección es la manera más genial de demostrar tu amor por tu país y por el fútbol. Pero hay muchas veces en el que tendrás que ver a tus compañeras a través de la televisión, por no llegar a una convocatoria o por estar lesionada. Sabes que a pesar de que estés fuera regresaras con la intención de brillar y dar lo mejor de ti.

Nadine Kessler demostró lo que es ser incondicional a su selección, en donde jugó hasta que su cuerpo le dijo que ya no podía, por tantas lesiones en las rodillas. 
Nadine Kessler demostró lo que es ser incondicional a su selección, en donde jugó hasta que su cuerpo le dijo que ya no podía, por tantas lesiones en las rodillas. 

Ser parte de una selección es una experiencias más indescriptibles en este mundo. No hemos ni rasgado la superficie. Pero un mensaje para todas aquella que lo lograron… ¡Felicitaciones! y sobre todo: Demuestra de lo que estás hecha  tú y tu  esa selección.

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