El primer partido de fútbol es uno de los días más importantes para nosotras. Es ahí donde empiezas a darte cuenta que quieres jugar por el resto de tu vida. Vestir los colores de tu camiseta, en tus compañeras, el público y el ambiente. Todo se alinea para que por fín puedas debutar. Pero a veces tu expectativa va más allá de la realidad.

La noche antes

Expectativa

Duermes genial. Ocho horas de sueño. Logras controlar a la perfección tus nervios y confías en tus habilidades para el partido. Sabes que todo va estar bien y descansas con la cabeza fría y sin preocupaciones.

Realidad

¡Dios mío, por qué la noche debe ser TAN LARGA! Ya quieres que llegue el día, el nerviosismo te mata. Y empiezas a imaginar cada una de las grandes jugadas que vas a hacer en el encuentro. Desde el pase, la recepción, la volea, el gol y hasta la celebración. Te imaginas anotando un hat-trick, siendo la mejor del encuentro, haciendo jugadas increibles. Prácticamente eres Messi. Así llegan a ser altas horas de la noche y tu sigues sin pegar un ojo. Y muy en tu subconsciente, sabes que eso te va a costar caro en la mañana. Pero qué diablos, estarás bien.

La ida

Expectativa

Te levantas temprano, con todas las energías y mejores vibras. Tomas un desayuno de campeonas, estás lista con anticipación y partes hacia donde va a ser el partido. Estás concentrada y toda tu familia te apoya. Llegan todos a la cancha y estás lista para empezar con el calentamiento.

Realidad

¡¿Por qué no dormí?! Tu mañana es un caos, sabías que esto pasaría. Por ende te levantaste tarde. A las justas tomaste desayuno. Con suerte encuentras una tostada. Apuraste a toda tu familia para que te lleven al lugar del partido. ¡Ah! Pero tienes que esperar que todos se alisten a su ritmo. Tus nervios te comen por dentro. Llegas a la cancha y te das cuenta que eres la primera, no hay nadie, y sientes la mirada de todas las personas que privaste de su sueño en la mañana. Pero hey, íbamos a venir aquí de cualquier forma ¿verdad?

La previa

Expectativa

Una vez terminado el calentamiento, se reúnen todas para dar la alineación titular. Tú eres una ellas. Arrancas el juego, el entrenador dice que confía en ti y en tus habilidades. Este es tu momento.

Realidad

Terminas el calentamiento media muerta porque te sobre esforzaste. No eres parte del titular así que te tocará sentarte. Con tus nervio de compañía, hasta que el entrenador se digne a ponerse en el terreno de juego. Así te la pasas como setenta minutos de juego donde te preguntas si lograras entrar en algún momento.

El inicio

Expectativa

Por fín llegó tu debut, el entrenador ya dio autorización de tu cambio. Estás en la línea lateral. Es tu momento. Tienes varios minutos para demostrar de qué estás hecha.

Realidad

Estás lista para entrar al campo de juego, cuando lo haces. Llegas a tu posición, puedes sentir todas las miradas en ti, la gloria te espera… y se acabó el partido. Tu cambio demoró tanto, que no hay tiempo para más y es así como se dio el debut más rápido de la historia. Esta NO es la vida que merezco. Pero sabes que para el próximo lo harás mejor… ¿no es así?

El desenlace.

Expectativa

Fuiste la mejor en tu debut, salvaste al equipo de la derrota anotando un gol agónico. Ahora con esos tres puntos y tu excelente actuación sabes que en el siguiente encuentro serás titular.

Realidad

En tu primer partido, el nerviosismo te ganó. Algunas pelotas se te fueron, así como controles u orientación. Pero tranquila, es normal. Con la experiencia que irás ganando lo harás mejor. Nadie nace sabiendo, todo es práctica y después de debutar. Todo será mucho mejor. Y procura dormir bien para la próxima 😉

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