Muchas que dirán: “¿Fallar un penal? ¡JA! Yo no fallo un penal”. Pero hay que admitirlo en algún punto de tu vida has fallado ese tiro. Si hasta los más grandes como Leo Messi o Cristiano lo han hecho, ya cualquiera puede fallar, es parte del crecimiento como jugadora.

Eso no quiere decir que fallarlo no sea una de las peores cosas que le pasa a cualquier futbolera. Sobre todo si es en una instancia importante. Esos penales errados no los olvida ni el hincha.

Prepara la música dramática, para intensificar el sufrimiento.

OH DIOS ¡¿POR QUÉ?!

Un penal es casi medio gol, solo estás tú y el arquero, es un tiro recto, sin mucha distancia, etc. ¡Vamos, que es fácil anotarlo! Pero hay razones y circunstancias, que escapan de nuestras manos (y pies) y lo fallas o lo ataja el portero.

Hay dos formas de no encajar el penal. La primera es que se lo atajó el portero. Pero ahí tienes también un poco de culpa (sin desmerecer el trabajo del arquero). Tal vez no pateaste lo suficientemente fuerte o muy al medio. Por cualquier motivo no entró. Pero hay otra forma de fallarlo, aún más vergonzosa, tirarlo afuera. Ahí no hay caso, TÚ tienes la culpa. Puedes culpar a que el pasto estaba medio salido, que te resbalaste, que la pelota y el público la tienen contra ti, etc, etc. Ahí ya no hay excusas que valgan, la fallaste. Y mal.

Si las miradas mataran

Luego de fallarlo, tendrás encima tuyo la mirada de todas en las de tu equipo. Por lo que quieras ¡EVITA EL CONTACTO VISUAL! Sólo verás decepción, tristeza y rabia. Ahí escucharás la típica: Yo hubiera anotado el gol. Luego está la mirada de tu entrenador y comando técnico. Anda preparándote para practicar lanzamientos del punto penal por el resto de tu vida. Por último están las miradas de los hinchas, entre ellos tu familia, la mirada de pena ajena es la que se refleja en ellos. Lo bueno es que ellos te darán respaldo después.

O tienes suerte, o morirás

Hay dos situaciones en la ejecución de un penal. La primera, una falta en un partido. Claro que hay diferentes situaciones, por ejemplo, puedes estar ganando 6-0 y te cobran un penal, ahí pasará desapercibido ni hay malas caras, sólo un poco de burla. Luego si es un penal para empatar un partido, es un poco más delicado. Ya que el equipo necesita de ese gol, pero si ganan quedará más o menos olvidado. El punto llega si ese penal les daba una victoria importante. Ahí prepárate para las malas caras de por vida.

La segunda ocasión es la tanda de penales. Ahí es más complicado. Se supone que el equipo y tú la han luchado por 120 minutos, para llegar a esa instancia. Y fallar, es como un golpe directo a la boca del estómago. Puedes tener suerte de que un partido, te puedas salvar de una derrota. En una tanda de penales es mucho más complicado.

Es hora de corregir el error

Si tu fallo fue dentro de los 90 minutos y aún hay tiempo en el reloj, no todo está perdido. Vas a ir por todas. Sólo te importa anotar ese gol, que no pudiste hacerlo de penal. Es una cuestión de orgullo. Pero a veces, te puede nublar y terminar por embarrarla.

Pero lo más lógico es buscar corregir el error, si lo consigues es un peso menos. Si no, empieza a cargar con tu cruz. Una recomendación es que si fallaste el tiro, y queda tiempo en el reloj, NO TRATES DE HACER TODO TÚ SOLA, vas a seguir metiendo la pata.

Ahora todos son expertos

Otra cosa que sucede cuando fallas, es que se te acercan a decirte cómo tienes que patear. Lo único que piensas es: “Sí, SÉ PATEAR UN PENAL, FALLÉ, PERO TENGO EN CLARO LA TÉCNICA”. Bueno sería que sólo fuera uno. Se acercan a ti tus compañeras, a recriminarte cosas como: “¿Por qué no lo pateaste al palo derecho?, ¿por qué no fue más fuerte?, a la próxima pateo yo”

Luego se acercan los ayudantes del entrenador, hasta con el utilero, para decirte lo que debiste hacer. Una y otra vez. Llegas a casa y pensarás que se acabó. Pero no, ahí viene tu papá, hermanos, primos, el abuelo. Hasta tu perro al ladrarte piensas que te está regañando. Y así será hasta el siguiente partido.

En busca de respuestas

Una vez que te zafaste de todas las personas que te “explicaban” cómo patear un penal, empiezas a revivir segundo por segundo ese tiro. Buscas alguna explicación el fallo. Y no hay forma que alguién te quite de la cabeza el hecho de que no supiste patear: o zucumbiste ante la presión, o simplente no estabas en tu día. Pero es lo normal, tienes que encontrar para luego corregirlo, es parte de tu crecimiento como futbolista.

La práctica hace a la maestra

Una vez pasado el horrible hecho, llegan los entrenamientos y cuando se termine todo. Te quedarás pateando penales, sabes que no puede volver a suceder. Revisas vídeos, poner a quien sea en el arco y prácticas y prácticas. Lo único que pasa por tu mente es no volver a cometer ese error. Un consejo, no te atormentes tanto con el hecho de fallar, míralo como una oportunidad de crecer.

Han pasado 84 años…

Van a pasar los años y TODO EL MUNDO se acordará de tu penal fallado. Es uno de los momentos más bochornosos en la vida de un amante del fútbol, que por más que quieras olvidarlo tendrás amigas que siempre te lo van hacer recordar. Pueden tener 30 y aún tus amigas se acordarán de aquel penal que fallaste en el colegio. Pero bueno, eso te ayudó a ser mejor, ahora ya no fallas.

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