Canadá se enfrentaba a la selección de Guyana. Era una lucha por la clasificación para Río 2016. Entre las titulares, había una joven que llamaba mucho la atención de las tribunas. No sólo por su edad (16) si no también por su talento.

Deanne Rose era el rostro más joven de la selección canadiense, pero eso no significaba que era la más débil. Ella inició el marcador a favor de su país en el minuto 26, después de recibir un pase de la mediocampista Sophie Schmidt.

Pero eso no bastó para la joven futbolista, ella sabía que podía dar más a su selección, por eso antes de llegar al medio tiempo, durante el minuto 39 Rose recibió otro pase de Schmidt, mientras una defensa guyanés trataba de impedir su paso. El esfuerzo fue inútil pues no logró arrebatarle el balón y Rose pateó el balón por debajo del área, uno que la portera Chante Sandiford no pudo parar.

Esta actuación demostraba la gran promesa que tenía Canadá para el fútbol. Su nombre era Deanne Rose.

Los inicios de una joven futbolista

Sus padres la llevaron a practicar y jugar en el club de Alliston. Al cumplir los 9 años, ella ingresó a Bradford SC. Su tiempo además de jugar fútbol, lo dedicaba a la escuela, jugar ajedrez con su familia y ver partidos por televisión. En especial en los que participaban Messi, Neymar, el FC Barcelona y sobre todo, en los que jugaba Christine Sinclair, su ídola por excelencia.

Su juego era muy rápido, siempre dispuesta a jugar en equipo con tiros seguros y fuertes. Perfecto para una delantera. Era una joven que estaba destinada a mucho en el fútbol.

Inicio con la selección

Rose inició en un programa de entrenamiento de jóvenes para la selección canadiense. En ese momento, ella tenía 15 años. Su buena predisposición y técnica no pasó desapercibida por el entrenador Bev Priestman. Eso le hizo ganarse un puesto en la selección absoluta en diciembre del 2015.

Fue en el 2016 donde ella ayudó a su selección a clasificar para los juegos olímpicos de Río. Fue cuando anotó sus dos primeros goles con la selección cuando jugaban contra Guyana.

Y es uno de los mejores momentos que Rose tiene en su memoria, no sólo por los goles o la clasificación de Canadá. Fue la ocasión en que su ídola, Christine Sinclair la felicitaba por su actuación. Algo por lo que muchas chicas futboleras sueñan: que tu heroína te diga “¡bien hecho!” al momento de anotar un gol.

La gloria de Río

Con tan sólo 17 años, Deanne Rose había conseguido lo que muchas chicas sueñan. Jugar en las Olimpiadas.

Pero el camino no era muy bueno para Rose. En cuatro partidos no pudo anotar un solo gol. Parecía que sólo se llevaría el recuerdo de haber llegado a Río y jugar por su país. Entonces llegó la lucha por la medalla de bronce. Y era nada más y nada menos contra el país anfitrión, Brasil.

Deanne sabía que era ahora o nunca para dejar su huella en la cancha. Entonces sucedió, mientras las tribunas cantaban “¡Brasil! ¡Brasil!”, Rose y sus compañeras canadienses se negaban a derrumbarse por los gritos que llenaban el Maracaná.

Los gritos cesaron por unos segundos cuando Rose anotó por su país, los gritos de sus hinchas y compañeras se escuchaban en el estadio en esos momentos. El gol de su compañera Sinclair selló la victoria canadiense. Con lágrimas en los ojos, la joven Rose recibía con orgullo su medalla de bronce, feliz por ser responsable de la victoria de su equipo y país.

En diciembre del 2016, Rose por su participación y desempeño consiguió el reconocimiento como Jugadora Sub 17 del Año.

Ahora, Rose sigue lista para seguir jugando por su selección. Ha obtenido una beca completa para la Universidad de Florida este septiembre. Tiene la juventud de su lado y está dispuesta a conquistar el fútbol tanto en Canadá como en el mundo.

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