En la vida de una futbolista hay temores. Temor a las lesiones, a malas rachas o no dejar jamás la banca. Pero un temor constante son las tarjetas. Esas que a veces son injustas, que pueden poner en riesgo el partido. O una que es simplemente lo que merece un jugador que por desesperación rompió las reglas. Pero una tarjeta roja, es el fin de un juego.

Cosas que pasan por tu mente cuando recibes una roja:

La primera tarjeta roja de tu vida

¿Qué es lo primero que pasa por tu mente? Ya la fregué. Así de simple, la desilusión es más grande. Ves a tus compañeras, a tu entrenador, al público y a todos en general. Unos están felices, otros decepcionados. Y luego estás tú, que no sabes cómo actuar, porque todo pasó muy rápido, no entiendes y sólo te queda salir del campo de juego, con la cabeza abajo sabiendo que dejaste a tu equipo en desventaja.

//giphy.com/embed/l0MYQJFtIsz3xoY5G

via GIPHY

Cuando la sientes injusta

Una de las peores cosas que puede pasar es que recibas una tarjeta roja injusta. Y claro no llega sola. Primero está la amarilla, que puede ser pon un reclamo, o una pequeña falta (que en cualquier otro partido, no hubiera sido como para tarjeta). Pero no, te la llevaste. Lo más lógico es que tu equipo empiece a reclamar, al igual que tú. Si en ese altercado no te pusieron la roja, en las próximas jugadas lo harán. Y ahí que viene, más que decepción es frustración e impotencia. Sabes que no puedes hacer un escándalo, a menos que quieras que te den un castigo, por parte de los organizadores. Así simplemente sales del campo, casi en lágrimas por el sentimiento de haber sido víctima de un árbitro.

//giphy.com/embed/3fGMGqwpryxNu

via GIPHY

Y ¿cuándo es justa?

Ahí cambia la cosa, sabes lo que has hecho. Sabes las consecuencias de tus acciones. Ahí solo te queda aceptar el error y caminar derechita a los vestuarios. No hay más. Puede que que en un momento de imprudencia, tu juicio se vió afectado por tus deseos de victoria y bueno, la roja es tu consecuencia. Resignación es el sentimiento que invade, pero bueno, salvaste a tu equipo.

//giphy.com/embed/8DohNCeqnzm0g

via GIPHY

Cuando ya es costumbre

Hay jugadores que simplemente parecen no tener conciencia. Por ejemplo, el defensa portugués, Pepe, es uno de los jugadores más agresivos que existen en el medio. Hay jugadores que son así, la victoria es lo más importante y no importa a quién hay que bajarse para conseguirla. ¿Qué pasa por sus mentes? Nada, a excepción de la victoria, salen del campo, cumplen con su sentencia y luego lo vuelven a repetir.

Ser la que no sale de la cancha

Cuando expulsan a alguien de tu equipo hay muchos sentimientos que salen a flote. Cólera, frustración o tristeza. Pero también está la esperanza, el empoderamiento y el coraje. Sabes que tienes que correr el doble, y que no deben bajar la cabeza. Sí se equivocó o la echaron por un error. Pero el partido sigue y el resultado depende de todas las que quedan. Si una se desmorona, todo el equipo lo hará. Pero claro todos sabemos que en primera instancia te enojaras y renegaras con el árbitro por dejarte con una menos.

//giphy.com/embed/c8G4oZYb1CoeY

via GIPHY

Desde el otro lado

Un árbitro siempre busca hacer las cosas de manera imparcial y siguiendo todas la leyes. Pero al fin y al cabo la percepción de una jugada no igual para todos. Así que es una difícil tarea ser el que tiene que decir la última palabra. Para poner una roja, hay dos opciones. La primera,  te la mereces, por faltas o una mano en el área o la última mujer. Y la segunda es porque faltaste el respeto a la autoridad. Si te ponen amarilla por reclamar, pues lo más lógico es que dejes de hacerlo. O un peor caso, es que te pongan la amarilla y le aplaudas en la cara de forma sarcástica, por una decisión que no compartes. Y es obvio, si te amonestan, jamás dirás si me la merezco. Sabes que no te conviene tener ese color de tarjeta.

Una tarjeta roja es una puerta hacia muchas posibilidades. Que tu equipo pierda, que no se logre una clasificación, que no juegues un partido importante, etc. Pero al fin y al cabo las reglas son las reglas. Si la mereces o no, es cuestión del árbitro. Recordemos que jugamos bajo las reglas de la FIFA bajo la percepción de una persona.

0 Comments

No Comment.