La mejor del mundo busca trabajo

En Dois Riachos hay un muro de bloques grises con una pinta de fondo blanco y letras azules que anuncia: “aquí nació la mejor del mundo”. Debe ser la única pared intervenida en un poblado donde nunca pasa nada. En este desierto tropical del noroeste de Brasil, aún hay burros jalando carretas con la cosecha del día. Al borde de las calles pavimentadas se alzan árboles bien cuidados, no hay señal de basura y sino fuera por algunas motos, el lugar tendría una calma inalterable.

En este escenario campestre, hace veintinueve años, nació la acuario más genial del fútbol femenino. Marta Vieira da Silva, hija de Tereza, era una niña menuda y no un portento de la naturaleza. La mayoría de sus contemporáneos la recuerdan terca, una actitud porfiada que la ha llevado por el mundo desafiando a todos los que decían que no iba poder. En un documental que sigue su viaje de Dois Riachos hasta Umeå en Suecia donde jugó por cuatro años, la mamá de Marta, una mujer que trabajaba como empleada, cuenta que un día mucho antes de convertirse en una celebridad, le preguntó que pasaría si por un pelotazo mal dado o cualquier cosa ella perdiera la vida a causa del fútbol.

—Quisiera que me enterraran con una pelota— le contestó Marta, desafiante.

En la biografía de la cinco veces mejor del mundo —una marca jamás conseguida por ningún futbolista en la historia— el fútbol y la vida son lo mismo. Recuerda Tereza Vieira da Silva que su hija empezó a jugar desde los cinco años. Se pasaba todo el día practicando en las calles de Dois Riachos. Negociaba con sus amigas para que jugaran fútbol con ella. Marta aceptaba el puesto de guardameta en los partidos de balonmano, no le temía a lanzarse ni a recibir pelotazos, a cambio de que después ellas jugaran fútbol con ella. Pero lo usual era que jugara con niños, un juego de alto riesgo si no dejas de humillarlos.

Cuando no tenía la pelota utilizaba una de trapo, cuando no tenía la de trapo jugaba con una de papel. Sólo tenía ojos para el balón. Cuenta en una entrevista para la FIFA, que cuando era niña recién pudo ir a la escuela a los nueve años. Durante las primeras lecciones sintió que estaba un poco avanzada para su salón, al esforzarse tanto por no ir al colegio había superado al promedio que si había ido. Sabía escribir su nombre y leer. No la detuvo el maltrato de sus hermanos que veían mal que una mujer se metiera en un deporte de hombres, ni la ausencia de oportunidades: en Brasil las mujeres tenían prohibido jugar fútbol profesional hasta 1979. A veces saber lo que quieres hacer a tan temprana edad es una bendición disfrazada de padecimiento.

En un estudio realizado en enero de 2015 sobre mujeres y deportes, la agencia de análisis de mercados Repucom estudió qué tan popular era Marta a nivel mundial. Utilizando el Índice David Brow, el informe evaluaba del 1 al 100 en 1.5 billones de personas la popularidad de las deportistas como Serena Williams, la saltadora con garrocha Yelena Isinbayeva o la golfista mexicana Lorena Ochoa. Marta estaba en el primer lugar con 90 puntos de popularidad. Ha sido elegida por la revista Sports Illustrated como la séptima atleta femenina de la primera década del milenio. En el 2010 es la primera jugadora de fútbol en convertirse en embajadora de buena voluntad de las Naciones Unidas y en Brasil, Pelé la considera su sucesora como una versión suya con falda. Lejos del facilismo de Edson Arantes, lo cierto es que Marta es un referente de lo que una mujer futbolista puede llegar a ser. Sin embargo, ser la primera mega estrella del fútbol femenino tiene otros problemas.

Incluso en ligas grandes como la norteamericana o la sueca, tenerla en sus filas es un costo demasiado alto. No es que Marta no llene estadios con sus presentaciones o no obtenga resultados positivos. De hecho en todos los equipos en los que ha jugado se ha convertido en la goleadora del torneo. Su efectividad es casi un gol y medio por partido, superior incluso a la de Messi que es de 0.8 goles por juego. Además es constante, tiene muy pocas lesiones, y se adapta rápidamente. Cuando llegó a Río, luego de un viaje de tres días en bus, notó que las chicas del equipo estaban mucho más preparadas, por lo que ella trataba de quedarme el máximo tiempo posible en el campo para alcanzarlas. En Estados Unidos, un par de sus compañeras de equipos en los Angeles Sol, recordaron como las sorprendía ese empeño que ponía en los entrenamiento, haciendo que ejercicios complejos lucieran fáciles. Cuando no está jugando vuelve a ser la hija de Tereza de Dois Riachos. Una mujer tranquila, accesible y sonriente, que llora de alegría y ante las injusticias.

Al ser consultada sobre los constantes cambios en su carrera Marta respondió que la base de todo es la poca cobertura que se le da al fútbol femenino. Muchos dirigentes pueden apoyar su práctica, pero sino hay interés de los medios, es muy difícil que puedan conseguir auspiciadores. Quizás se debería empezar por mejorar el calendario de competiciones. Asegurando un tiempo de exposición justo para ambos sexos. Si bien la Copa Mundial de Fútbol Femenino, se realiza al año siguiente del torneo masculino, su inauguración compite con la final de la Champions League y el inicio de la Copa América. Compiten con torneos que poseen una difusión mucho más intensa. El poco tiempo que le dedican los medios masivos al fútbol femenino, hace que no podamos apreciar partidos sin tanto teatro y más goles. Ampliar la cobertura, le permitirá a las Martas del futuro, esa continuidad en un equipo, que le permite a alguien como Messi crear magia con la pelota en un partido de rutina.

La fiebre por Marta

Brandi Chastain, una antigua estrella del equipo nacional de Estados Unidos, contó en un artículo en el New York Times sobre Marta lo que se siente cuando tratas de quitarle la pelota a la mejor del mundo. La mayoría de jugadoras al verse rodeada de rivales opta por el racional pase. Marta no piensa, Marta actúa, su rostro asume un rictus de concentración que desaparece estadios. Se convierte en la diez de Brasil. Lo que sería un camino sin salida para ella “es una oportunidad de que algo fabuloso suceda”. No es difícil de comprobar la reflexión de Chastain.

Semifinales del mundial de China, 2007. Brasil superaba por tres goles a Estados Unidos. Minuto 78, con 45 segundos. Marta recibe la pelota de espaldas en la franja superior del campo de Estados Unidos, a unos metros del área. La número 8 está a la marca. Se llama Tina Ellerston es una ex delantera convertida defensa, con su metro con setenta y cinco es una mujer afroamericana que lucha por el futuro de su hijo. Es la primera defensa que se interpone al metro sesenta de Marta. Esta pegada a ella para evitar que haga algo lógico como correr hacia su derecha y lanzar un centro. Defender es adivinar la mente del rival. Entonces le llega el pase a Marta, ésta lo detiene con el botín derecho y sin que caiga la pelota la puntea con el pie izquierdo hacia su espalda, dándose un auto pase. Ellerston se queda parada mirando a la tribuna. Ahora al frente de Marta hay cuatro jugadoras. Ninguna con camiseta amarilla. Ellerston trata de seguir la jugada, pero queda convertida en una privilegiada testigo de la asombrosa Marta. La mejor del mundo pisa el área. Sale la cuatro norteamericana Cat Whitehill quién no puede evitar caer en la finta de la brasileña. Whitehill no sólo defendía en la cancha, el año anterior al partido declaró en el congreso norteamericano sobre la necesidad de que las deportistas mujeres recibieran las mismas oportunidades que los hombres. Mientras Marta escapa hacia la izquierda, Whitehill se queda tendida en el césped buscando su cintura. Entonces Marta patea con su pie derecho. En el arco está la veterana Briana Scurry, quién llevaba más de una década tapando para los Estados Unidos. En el último partido de su larga carrera, el tiro de Marta se le escapa por entre las piernas. Cinco segundos después de que recibiera el pase, con sólo cinco toques de balón, esa cuarta anotación convertía a Brasil en justa finalista de la Copa del Mundo por primera vez en la historia.

La jugada no es solo una muestra de su habilidad, sino una metáfora de su vida. Mientras que en Estados Unidos las jugadoras reciben demasiadas indicaciones tácticas, y los padres se preocupan de llevarles refrescos, Marta representa lo opuesto a jugar en campos bien cuidados y con padres protectores. Es su vida en la calle lo que permite esa creación espontánea. Acostumbrada a hacerle una finta a las defensoras aguerridas, a los prejuicios de la gente, a la falta de oportunidades. El estilo de Marta es atravesar el desafío de frente y salir airosa dominando la pelota.

Una de la mayores deudas de Marta son los trofeos más importantes. La Copa del Mundo, la medalla de oro de las Olimpiadas, y la Champions League Femenina. A todos ellos ha llegado en el segundo lugar. Este mundial, las olimpiadas de Brasil y el siguiente torneo de campeones, serán la última oportunidad de Marta de llevar su carrera a un nivel aún más alto. Algunos en Brasil comparan por la falta de resultados a la selección femenina con la masculina. Cuando la Sub-20 de mujeres perdió 5 a 1 contra Alemania, la compararon con el 7 a 1 del equipo de hombres. “Comparan los resultados, pero no la estructura detrás”, se quejó Marta. Esas chicas no reciben dinero alguno por jugar por su selección. Es una falta de respeto compararlas con esos jóvenes millonarios. No es lo mismo dedicarle todo tu tiempo al fútbol, que tener que trabajar antes de entrenar. La selección con la que compite en Canadá es un equipo joven. Pero es un equipo que viene entrenando juntos desde hace meses para el Torneo. Marta ahora será una de las experimentadas en el equipo. Ella reconoce que es obvio que ya no puede correr con el mismo ímpetu que en los torneos pasados, cuando tenía 18 años. Pero ahora es más inteligente, trata de leer el ritmo del juego, para que su estilo de juego genere más daño. El nuevo entrenador Oswaldo Álvarez, Vadão, es conocido en Brasil por haber descubierto a Kaká y Rivaldo, es un técnico que está intentando crear un equipo donde las jóvenes puedan sentirse cómodas jugando. Un entrenador sencillo con treinta años de experiencia, sabe cómo formar grupos sólidos. Marta cuenta que las chicas llegan sonriendo a los entrenamientos. Una señal de que las cosas están encaminadas. Marta también sonríe cuando habla de Brasil como futuro campeón del mundo. Sabe que el equipo con el que consiguió la plata olímpica, y el segundo lugar en la copa del mundo, ya no está. Como en su experiencia con los clubes deberá adaptarse. En una entrevista a la revista Soccer.com, Marta es interrogada sobre todos esos retos que se le han presentado en la vida. Debería quejarse de la falta de apoyo, de cambiar cada año de equipo, pero responde con la sencillez de otros jugadores de fútbol “Tengo un don de Dios. Cuando sabes lo que quieres hacer, trabajas fuerte y das lo mejor”. El viaje empezó en Dois Riachos pero todavía no acaba. El futuro de Marta es pavimentar el camino a las nuevas jugadoras, convertirse en la primera leyenda global del fútbol. Incluso sino consigue el oro olímpico o la copa del mundo, ella será la primera grande en no lograrlo (y la primera en recuperarse). Será la heroína para otras millones de niñas de pueblo pequeño con el don de tratar muy bien al balón. Será más grande que ella misma. Será inmortal.

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