¿Quién es mejor: una futbolista que hace magia en la cancha o la que lleva a su equipo a convertirse en campeón?

¿Qué pasaría si Messi jugara como Zidane?

Detrás de sus ojos aguamarina hay ambición. Una ambición mucho más grande que su metro setenta y sus cincuenta y cuatro kilos. Una ambición que la lleva a ser capitana de un grupo de jugadoras que le llevan veinte centímetros de altura y años de experiencia. Una ambición que la convertido en la mejor jugadora de Europa para las eliminatorias en el 2013 y de todo el mundo en el 2014. El autor de “Gomorra”, Roberto Saviano una vez comparó a Lionel Messi con un abejón. Estos insectos no deberían poder volar porque el peso de su cuerpo es desproporcionado respecto a la fuerza de sus delicadas alas. Pero el abejón no lo sabe y vuela. Nadine Kessler también vuela.

En sus retratos parece que su mirada no está puesta en el lente de la cámara. Posa como si tuviera los ojos puestos más allá del lente, en un objetivo del tamaño de su ambición. Se trata del único trofeo que no ha levantado. El torneo que su país no gana desde hace una década. La escultura dorada del campeonato del mundo. En un deporte dominado por norteamericanas y asiáticas, los aficionados alemanes han empezado a creer en lo imposible. A Nadine Kessler le empezaron  a llamar “Kessi”.

Sus fanáticos ven en sus jugadas ese vértigo de Messi. Cuando ataca juega con el balón pegado al pie, utiliza sus brazos para evitar robos, y tiene un dribbleo tan veloz que una sola distracción del rival puede terminar en gol. Sin embargo lo suyo no es esa brutal capacidad goleadora de Messi, un delantero que promedia casi un gol por partido. Su función es otra. Mientras Messi lleva el diez en la espalda, un símbolo de que su trabajo es hacer posible lo imposible, Kessler utiliza la 13 en Wolfsburgo. Para ella el fútbol no tienen nada de suerte ni tradición. Todo depende del trabajo. De la disciplina. Del equipo.

Nadine Kessler no es tan mágica como la brasileña Marta ni su estatus de goleadora vale los treinta millones de la norteamericana Abby Wambach. Pero ha sido elegida por encima de ellas como el Balón de Oro del mundo por las copas que ha ayudado a levantar. Nadine Kessler es la capitán que nunca será Messi. Su entrenador en el Wolfsburgo Ralf Kellermann, también elegido mejor entrenador de fútbol femenino en el 2014, sólo tiene elogios para ella. Habla de su comportamiento ideal tanto dentro como fuera de la cancha. Kellermann resalta un tipo de humildad que resulta infrecuente a los grandes jugadores.

Además conoce a profundidad el juego. Sabe que hacer de acuerdo a como se presenta el partido. Cuando hay que defender está en la primera línea de recuperación de balón. Cuando hay que atacar puede quebrar una defensa. Cuando tiene que cuidar una ventaja es a quién le dan el balón para que el tiempo transcurra sin sobresaltos. Es una jugadora que por momentos puede emular a Messi, pero que tiene las responsabilidades de un Zidane. Conectar la defensa y el ataque, manejar los tiempos, definir partidos. En una entrevista le preguntaron a Kessler porque prefería Zidane como modelo de jugador. Kessler mencionó su increíble calidad técnica, pero también su agradable modestia. Hay pocas situaciones más atractivas que ver un genio humilde. Los Messi del mundo pueden resolver partidos cerrados, pero los Zidane ganar campeonatos.

Una rodilla estropeada contra la gloria

Antes del éxito de Wolfsburgo, Nadine Kessler consiguió una Copa de Campeones y una Copa Alemana con sólo 23 años con el Turbine PostDam, uno de los mayores impulsores del campeonato de fútbol femenino alemán. ¿Por qué abandonar un equipo ganador por otro, que recién empezaba a levantar el nivel? Al saberse de su pase, la revista HardTackle.com le hace una entrevista donde le preguntan sobre su decisión. Incluso en una economía del primer mundo, ser una profesional de fútbol femenino no está bien pagado. Eligió la ciudad por motivos laborales. Ella es bachiller en Economía de la Salud. En Wolfsburgo tenía oportunidades de trabajo. Pero también estaba lo futbolístico. Cuando en el 2012 el PostDam pierden la defensa del título ante el Lyon. Kessler encontró una nueva meta. No basta ganar por ganar. Hay que dominar. Debía encontrar un equipo que respondiera a esa nueva necesidad.

El PotsDam era un equipo que ya se había consolidado en Europa. En cambio en el Wolfsburgo no sería una más, sino el artífice. La posibilidad de no ser solo la cola de un león sino de transformar el ratón en un verdadero lobo. Con ella en al cancha el Wolfsburgo consigue, por primera vez para un equipo alemán, ganar todas las copas de los campeonatos en los que se presentaron. La Copa Alemana, el Campeonato de Primera división y la Champions League. Y al año siguiente repetir la más difícil. El equipo de Kessler en un par de temporadas se ha convertido en el mejor de Europa. No imponiendo un juego, sino adaptándose a las circunstancias, pensando más con la cabeza que con el ego.

En su tercera final contra el Lyon en el 2013 Kessler sabía que se enfrentaba al mejor del mundo. Hasta ese momento habían ganado siete veces el campeonato francés sin conceder un sólo punto y durante esa edición de la Copa de Campeones habían anotado 40 goles permitiendo uno solo en contra. El Wolfsburgo de Kessler se había convertido en la revelación del campeonato, era su primera participación y había derrotando en semifinales al Arsenal inglés por 2 a 0 en el juego de ida y 2 a 1 el de vuelta. Se enfrentaba un conjunto demoledor contra un Wolfsburgo ganador pero que no aplastaba. Además estaba disminuido, tenía jugadoras suspendidas, lesionadas y enfermas.

El inglés Stamford Bridge fue el estadio de la final. Durante los primeros 45 minutos el gran mérito de las alemanas fue no permitirle un solo gol al equipo más goleador. Lyon dominó, informó el portal de la UEFA, pero el Wolfsburgo no tenía miedo de esperar. El medio campo alemán buscaba el contragolpe. Nadine Kessler camiseta 13 la chica que jugaba como Messi, defendía y manejaba los tiempo a la espera de un desajuste en el Lyon. No es muy vistoso un equipo que se defiende pero es la mejor forma de hacerle frente a un vendaval.

A unos minutos del final centro desde la izquierda hacia el centro del área del Lyon. Una pelota dividida. La defensora del Lyon salta y con su brazo izquierdo se apoya en el hombro de la delantera del Wolfsburgo. Penal. Es una jugada fuerte pero no es para amarilla. El árbitro no duda. Tener el partido al alcance de las manos y ser derrotadas por el segundo gol que les consiguen anotar en todo el campeonato. De la mano de Kessler Wolfsburgo conseguía lo que ningún equipo alemán había hecho: campeonar en su debut.

En la siguiente temporada la 2013-2014 todos los equipos querían derrotar al campeón de Europa. El equipo que campeonó defendiendo, ahora debía ganar los partidos. Ningún ejemplo es más característico de esto que el partido de la final contra el Tyresö FF de Suecia, un equipo de juega media selección de fútbol femenino sueco, más la española Verónica Boquete y Marta jugadoras de peso mundial. Empezaron dos goles abajo. Marta fue la mejor jugadora del partido con dos goles para enmarcar. Pero en el segundo tiempo cuando el marcador estaba igualado a tres, Kessler arranca una jugada desde atrás. Minuto 80, lleva la pelota hasta el área chica. A la izquierda del arco aparece Muller, autora de un tanto. Kessler lanza un pase milimétrico entre las defensas. Muller la empuja en dos tiempos, entre dos defensas. Gol. No es el gol más memorable de la Copa de Campeones. Es el final de un contragolpe. Era un partido que parecía perdido. Pero Wolfsburgo no se dio cuenta.

Hay partidos en donde hasta las estrellas tienen que hacer trabajo de obrero. Kessler juega tan bien con la pelota como sin ella. Ha estado lesionada la mitad del año y una cirugía la marginó del mundial de Canadá 2015. Sin embargo en Alemania ha llegado a convertirse en el rostro más visible del recambio generacional. Atrás quedó Birgit Prinz la delantera que llevó a Alemania a levantar sus dos copas del mundo en el 2003 y 2007. El principal reto que Nadine Kessler debe superar para cumplir su visión no es el talento ni la disciplina sino su rodilla izquierda. “Mi mayor deseo es estar permanentemente libre de dolor”— declaró en un medio alemán. En Marzo de 2015, una nueva intervención se estaba programando. Quizás la mayor prueba de esta jugadora, sea su retorno. Recuperar el nivel que tuvo cuando empezaba a volar.

0 Comments

No Comment.