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¿Qué estarías dispuesta a hacer para detener una pelota?
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La mayoría prefiere anotar goles que evitarlos. Fiorella Valverde, portera de Sporting Cristal, también pensaba igual. Hasta que probó la adrenalina de defender bajo los tres palos. Si los delanteros son los favoritos de las hinchadas en las goleadas; es en los partidos difíciles donde las guardametas adquieren el estatus de salvadoras. Para Valverde proteger su arco en uno contra uno se siente como meter un gol de media cancha. Derrotar a las jugadoras más insufribles del equipo rival requiere de fundamentos, reflejos y agallas. Si cumple su papel, les da un respiro a las de adelante para atacar sin tener pánico al contra golpe. Es por eso que todas las estrategias empiezan o acaban a sus pies. Es la encargada de que la defensa no se quede sólo mirando el partido que ocurre en el arco rival, sino que participe activamente. De ahí que siempre este presente cierta carraspera en su voz. Fiorella Valverde es una portera que pide a su defensa que salgan del área a rugidos.

Se ve como una guardameta que domina el juego con los pies, y que le da fluidez y seguridad al juego. Tiene la experiencia suficiente para no perder la concentración en los partidos clave. Ha defendido a la selección peruana en campeonatos internacionales. Jugó la Copa Libertadores. Sobrevivió a un mano a mano contra Marta la diez de Brasil. Tuvo su arco invicto durante el campeonato metropolitano del año pasado. Ha pasado su vida volando hacia los ángulos de la portería, manteniendo el cero con cada parte de su cuerpo, cometiendo la menor cantidad de errores posible.

La estadística principal para una guardameta no es el número de goles evitados sino los minutos en que ha permanecido invicta. Pero nada de ese récord importa, cuando Fiorella Valverde cuenta uno de sus mano a mano favoritos. Esos treinta segundo de su vida puede convertirse en media hora. Recuerda cada instante de ese enfrentamiento con Marta Viera da Silva en su mejor momento.

Atajar goles no es para perfeccionistas. No tienes tiempo para pensar en a técnica usar. Tienes que reaccionar y tu decisión debe ser irrevocable: si te arrepientes es gol. Valverde cree que mientras las delanteras pueden tener varias intentos para anotar un gol, eso no pasa con las que llevan el número uno en la espalda. Esa es la razón por la que realizan un trabajo diferenciado. Deben hacer que sus manos graben la posición en “w” para que no se te escape la pelota. Deben distinguir la velocidad de un balón para decidir en segundos si despejarla en vez de atraparla. Deben capturar los balones haciendo que el cuerpo acompañe la jugada, para que los brazos resistan la fuerza del balón. Las mejores tienen grabado en su cuerpo esos movimientos, pero también entienden que son el final de los ataques rivales y el comienzo del suyo. Desde afuera ser portera parece aburrido, en una cancha diez chicas dependen de ti.

La primera vez que le tocó tapar tuvo que atajar un penal. A sus trece años sólo había jugado de delantera. En ese entonces no tenía idea, que cuando una recién se empieza se debe esperar hasta el último segundo para decidir dónde lanzarse. Se equivoca quien se decide hacia los costados antes de que el balón despeje. Sin embargo, Valverde se quedó quieta no por falta de reflejos sino por simple intuición, ahí le llegó el balón. Se estreno tapando un penal. Ella no lo dice pero para disfrutar negar los goles de los demás, hay que sentirse la más grande de la cancha. No es un tema de estatura. Es una disposición natural para enfrentarse a la adversidad. Saber en tus entrañas que hasta los autogoles pasan.
Sobrellevar los errores, los partidos perdidos, es algo que la ha fortalecido. Si bien en su carrera como portera no le han faltado oportunidades, en Perú una futbolista profesional debe encontrarse un trabajo para poder sobrevivir. A pesar de haber sacrificado fiestas o cumpleaños por estar concentrada esperando un partido, tapar aún no es una forma sostenible de vida. Una de sus primeras opciones era convertirse en una barista, incluso llegó a trabajar en las noches para poder estudiar, pero un curso de estadística le alejo de ese primer sueño. Sin cruzarse los brazos empezó a estudiar educación física. Se dio cuenta que el horario del profesor se adecuaba mejor a las horas de entrenamiento. Sus alumnos alucinaban con una profesora que podía despejar de arco a arco un balón. Ella que había pasado toda su vida escuchando a preparadores de arqueros y a otras porteras, encontró un camino para transmitir ese conocimiento. Junto con su club Fuerza Cristal está preparando para lanzar una escuela sólo para futuras arqueras.

Fiorella Valverde también entrena equipos masculinos.
La estadística principal de una guardameta, no es la cantidad de goles evitados sino los minutos en que ha permanecido invicta. Pero cuando Fiorella Valverde cuenta una de sus mano a mano favoritos, un minuto pueden parecer diez. Recuerda cada instante de ese enfrentamiento. Era la primera vez que jugaba una Copa Libertadoras. Al frente estaba el Santos de Brasil, con Marta, Cristiane, Fórmiga y Bárbara, un grupo que hacía temblar a cualquier equipo del mundo. Cuando una defensa pierde el balón, el reflejo de Valverde se activa, corre a achicar el ángulo. Frente a ella está la implacable Cristiane, en el cierre le saca la pelota de los pies, pero da un rebote, el rebote se eleva y ella puede ver cómo la delantera brasileña jala la pelota con el brazo, cae a sus pies y anota. Era el partido inaugural, se sentía la tensión en el aire, pero al mismo tiempo la emoción. La adrenalina a mil, todas tenían menos de 18 años. Les ganaron 3 a 1. Lo que Fiorella Valverde se ha propuesto, es que las próximas jugadoras que se enfrenten a un equipo superior con estadio lleno, sepan no solo conllevar la derrota, sino también conseguir la victoria.

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