Tras la dolorosa derrota de la selección italiana en Bosnia, que marcó una vez más la frustración en la fase de clasificación al Mundial, la atención se ha centrado en Alessandro Bastoni. El defensor se encuentra en el epicentro de un año particularmente desafiante, que parece no tener fin. Desde la euforia inicial por sus celebraciones, como la dedicada a Kalulu, hasta la reciente desilusión de una expulsión en un partido crucial contra Bosnia, Bastoni ha vivido una montaña rusa de emociones que subraya un período complicado en su carrera. Este «año no» del zaguero refleja las dificultades generales que ha atravesado el fútbol italiano en sus aspiraciones mundialistas.
