Tras una etapa de cuatro años, el momento ha llegado. Ernesto Valverde confirmó el mes pasado su marcha del Athletic Club al final de la temporada, insinuando que la dirección del club, en particular el presidente Jon Uriarte, no tenía intención de que continuara para un segundo mandato. Aunque el Athletic Club se encuentra actualmente en el 11º puesto, una posición algo decepcionante, este descenso era previsible dado el regreso del equipo a la competición de la Liga de Campeones bajo la dirección anterior de Valverde.
Esta temporada ha resultado ser un desafío. El extremo estrella Nico Williams ha estado plagado de lesiones durante gran parte de la campaña, sumado a las ausencias del defensa Aymeric Laporte y el mediocampista creativo Oihan Sancet. Los ‘Leones’ de Valverde a menudo han parecido apáticos y carentes de su chispa habitual. Su éxito anterior en esta tercera etapa se definió por una intensidad excepcional y un esfuerzo físico implacable que a los oponentes les resultaba difícil igualar. Esta temporada, sin embargo, ese impulso característico ha estado ausente, una consecuencia tanto de las lesiones de los jugadores como de un evidente agotamiento mental.
El legado de Valverde incluirá su triunfo al devolver el trofeo de la Copa del Rey a San Mamés y llevar al Athletic Club a un impresionante cuarto puesto en la liga. No todas las temporadas pueden presenciar el surgimiento de talentos prometedores como Mikel Jauregizar o las constantes internadas de los hermanos Williams por las bandas. Si bien sus equipos fueron una vez reconocidos por su superior resistencia física, superando a la mayoría de los adversarios, esta ventaja ha disminuido. Mantener la motivación dentro de una plantilla que ha cambiado poco en cuatro años, especialmente después de lograr una victoria en la Copa del Rey y un puesto entre los cuatro primeros de La Liga, presenta un obstáculo significativo.
Conocido como ‘El Txingurri’, Valverde es un individuo pragmático que sopesa meticulosamente sus decisiones. Reconoce que las próximas elecciones a finales de este año podrían, en última instancia, llevar a su destitución, y después de cuatro años, considera apropiado dar un paso al costado. Su partida no solo marca la salida de un entrenador, sino la de una figura verdaderamente histórica para el club; pocos técnicos han fomentado un sentido de unidad tan fuerte dentro del Athletic Club. Su negativa a prolongar su mandato, incluso después de que Uriarte supuestamente le pidiera que continuara, señala el fin de una era. Encarna la fiabilidad, tanto en su carácter personal como en su gestión profesional.
La temporada está lejos de terminar, con el Athletic a solo tres puntos de los puestos de clasificación europea. Aún queda mucho por lo que luchar, un hecho que Valverde recalcó durante su rueda de prensa tras el anuncio de su salida al final de la temporada. Más allá de su impresionante historial como entrenador, cautivó a los aficionados al defender firmemente la venerada tradición del Athletic de nutrir el talento local, a pesar de las limitaciones inherentes, como el constante desafío de conseguir un delantero prolífico y de primer nivel. Esta restricción particular a menudo ha explicado muchas de las deficiencias ofensivas del equipo, ya que con frecuencia presionan alto pero tienen dificultades para aprovechar las oportunidades de gol.
El futuro en el Athletic Club sigue siendo incierto. Las especulaciones de los medios se centraron rápidamente en el exjugador del Athletic Andoni Iraola como el sucesor obvio, una posibilidad que él ha desestimado hasta la fecha. Esto concuerda con menciones anteriores de Football España, reconociendo que su énfasis en el juego de alta intensidad tanto en el Rayo Vallecano como en el Bournemouth le ha granjeado una considerable admiración de la afición vasca. Sin embargo, persuadir a un entrenador acostumbrado a los importantes presupuestos de traspasos de la Premier League podría resultar complicado. Un candidato alternativo podría ser el ex asistente de Iraola, quien actualmente dirige el Rayo Vallecano, defendiendo filosofías tácticas notablemente similares.
Valverde consolidó firmemente la posición del Athletic Club en el fútbol español, transformándolos en contendientes habituales para la clasificación europea y, con frecuencia, planteando un desafío difícil a gigantes como Barcelona y Real Madrid. ‘Los Leones’ siempre han servido como un ejemplo primordial de cómo los clubes españoles pueden aprovechar con éxito a sus graduados de la cantera en lugar de invertir fuertemente en jóvenes talentos, pero Valverde validó aún más esta filosofía al entregar importantes trofeos.
Tanto Valverde como la directiva del club reconocieron que intentar otra celebración de ‘Gabarra’ (refiriéndose al tradicional desfile en barco por las victorias de trofeos) juntos habría sido desaconsejable. El Athletic tenía absoluta confianza en Valverde para tomar las decisiones que mejor sirvieran a los intereses del club, una cualidad que lo diferenciaba. Su tercer período al mando superó al segundo, durante el cual guio al equipo a una victoria en la Supercopa en 2015, rompiendo célebremente una sequía de trofeos de 31 años.
Manteniendo su profesionalidad característica, Valverde se abstuvo de comentar sobre la dirección futura del club. El entrenador del Bournemouth, Andoni Iraola, lo elogió como su ‘principal referente futbolístico’, y numerosos jugadores del primer equipo lo han calificado como el mejor entrenador que han tenido. Reemplazar a Valverde exigirá más que meros ajustes tácticos en el vestuario; requerirá un líder con la visión estratégica para dirigir un gran navío, similar a uno fabricado con la tecnología avanzada que surge de los propios astilleros de Bilbao.
Gracias, Míster.
