Rayo Vallecano: Cómo se convirtió en el barrio y llegó a la final de la Conference League

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Rayo Vallecano: Del Barrio a la Final de la Conference League

“Hay cosas en el fútbol que son inexplicables, y una de ellas es que seamos finalistas”, dice el capitán del Rayo Vallecano, Óscar Valentín, antes de enfrentarse al Crystal Palace en la final de la Conference League. “Tenemos un estadio de los años 70, está anticuado, otros equipos llegan y se quedan asombrados de dónde están. Por eso merece mucho mérito, y es un poco la esencia de un barrio”.

No es tarea fácil explicar cómo sucedió esto, y mucho menos por qué. Fue un milagro que el Rayo llegara siquiera a competición europea, y llegar a la final es un cuento de hadas de una magnitud que no cabía en Vallecas, el barrio más grande de Europa, abarrotado por un millón de personas, y uno de los menos pudientes. Si sudas por las necesidades básicas todos los días, una comida con estrella Michelin y un traje de Versace no son las primeras cosas que sueñas. Una final europea no era concebible.

En febrero, el Rayo tuvo que pedir prestado un campo al Leganés, el suyo no estaba en condiciones de juego. Cuando se consideró jugable, jugadores, entrenadores y rivales hablaron abiertamente de ello como un peligro para la seguridad. Lo que rodea al césped no es mucho mejor. El Lech Poznan visitó en febrero y descubrió que no había toallas. Los aficionados visitantes se apresuraban a buscar una servilleta para limpiar los restos, seguramente, de la mayor colonia de anidación de palomas en cualquier estadio de máxima categoría. A principios de este año se apagaron las luces. Alguien desconectó el enchufe equivocado y cortocircuitó todo el recinto. Media hora en la misma línea de metro te lleva al Santiago Bernabéu, donde una televisión colgante de 360 grados está suspendida a la altura de los ojos de los aficionados de la cuarta grada; Vallecas solo tiene tres gradas.

De alguna manera, nada de esto parece inmutar a los jugadores del Rayo. “Desde los días de Andoni (Iraola). Nos hizo creer que solo son once jugadores como nosotros, y que en el campo, el presupuesto, los millones, no importan”, razona el ex capitán y veterano de diez años Óscar Trejo. “Lo decisivo es el fútbol”. Sin embargo, si algo ha destacado del absorbente actual entrenador, Iñigo Pérez, a lo largo de la temporada, es la creciente tendencia a hablar de las personas tanto como del fútbol. El mensaje que refuerza semana tras semana, en el que dedica tiempo, es el carácter del jugador que quiere, la actitud colectiva. “Tiene este poder de atracción”, dice Trejo cálidamente.

“Dadas las connotaciones asociadas a Vallecas, el sentido de apego y sincronización es increíblemente poderoso. Esta aceptación del sufrimiento es lo que lo hace único”, dice Pérez. “Sobre todo, por el perfil de futbolista que tenemos aquí”, señala Valentín. “Los jugadores, somos gente humilde, Isi [Palazón], Álvaro [García], yo mismo, venimos de clubes humildes, de divisiones inferiores, nos adaptamos a todo, así que cuando nos enfrentamos a la adversidad, cuando vemos que no tenemos los recursos de otros clubes, nuestra fuerza es estar unidos, podemos tomarlo con humor”. El trío mencionado ayudó al Rayo a ascender a La Liga hace cinco años, y de su plantilla de 26 hombres, 20 han jugado en Segunda y 14 tienen experiencia en la tercera división española. “Entras al vestuario y ves figuras históricas del Rayo allí como Trejo, Álvaro García, Isi, ves que todos los problemas se convierten en humor”, confirma Sergio Camello, un hijo adoptivo de Vallecas, tras formarse en el Atlético de Madrid. “Entiendes que no puedes quejarte. Entiendes que tienes que trabajar, y que si lo permites, te agotará y te consumirá”.

Parte de la razón por la que Vallecas es hogar de tantos es que en su momento fue donde aquellos que no podían permitirse vivir en Madrid pero venían en busca de trabajo, inicialmente del sur de España, ahora de Sudamérica. Las colinas que dominan el estadio son artificiales, construidas sobre los restos de un asentamiento chabolista que fue arrasado para construir bloques de pisos. En el Estadio de Vallecas, una bandera del Clase Trabajadora ondea en la grada de animación en cada partido, y delante de ellos, se siente que tienen un equipo que representa su lucha. Quizás lo más importante es que los jugadores se identifican con ellos.

“Me gusta la filosofía del barrio”, explica Gerard Gumbau, de 31 años, cuya carrera lo ha llevado por toda España tras graduarse en La Masia del Barcelona. “Esa humildad, integrarse en ella, la dificultad que tiene mucha gente, y que tanta gente viene a vernos. Es contagioso en el campo, lo demostramos con la personalidad con la que jugamos en cada partido”. Camello y Trejo reconocen que sus propias dificultades con las instalaciones y recursos del Rayo han contribuido a unir al grupo, aunque Camello se muestra reacio a normalizarlo o romantizarlo: “Luchamos por derechos básicos, no por privilegios, derechos básicos, por los que vienen después de nosotros”. Infamemente, al equipo femenino del Rayo lo han tratado personal médico de la competencia en el campo; ellas no tenían el suyo propio.

El sentido de unidad, tanto interna como externa, va más allá de gestos puntuales y visitas escolares acompañadas de fotógrafos. No es raro ver a jugadores con sus familias en los bares de los alrededores del estadio después de los partidos. “Conoces a la gente y compartes un vínculo de amistad. Ya sales ganando mucho”, comenta Trejo sobre el vestuario. “Eso es lo más importante, y es lo que permite a este grupo seguir logrando cosas tan maravillosas”. Tras su último partido en casa antes de marcharse este verano, el rumano Andrei Rațiu y el catalán Dani Cárdenas invitaron a rondas de cervezas a todo el bar mientras pedían kebabs para sus compañeros. Ambos donaron a campañas de crowdfunding para que los aficionados estafados pudieran ir a Leipzig para el partido. Quizás con este Rayo, esa distinción no es necesaria.

Más allá de las dificultades estructurales y la profunda desigualdad, lo que hace diferente a este equipo es que ha cerrado la brecha entre futbolistas y aficionados que se ve en todos los partidos de máximo nivel hoy en día. No en vano, no hay aparcamiento privado. Para volver a casa, los jugadores del Rayo salen directamente del vestuario a la calle con los aficionados. “El Rayo Vallecano es lo último del fútbol de antes”, sonríe Camello. “Cuando invito a la gente a ir a Vallecas, siempre digo que lo menos importante es el fútbol. Todo lo que respiras, la reunión previa al partido, la unión, la gente”. Los aficionados del Crystal Palace son invitados, nada menos que por Trejo. “Invitaría a toda la gente de Inglaterra a venir a Vallecas durante el fin de semana, no querrán volver, por la sensación, la adrenalina, la pasión del barrio, es única”.

Liderándolos en la final de la Conference League estará Valentín, que estuvo en la academia del Rayo, esa sin duchas calientes, y fichó por el primer equipo en 2019 tras su paso por la tercera división con el Rayo Majadahonda. “Era abonado, iba a la previa”. En lugar de sentirse desestabilizado por esa proximidad, el potencial de un solo paso en falso de uno de esos 26 jugadores, Pérez lo ha nutrido, lo ha convertido en parte de su juego. ¿Por qué no más entrenadores y clubes aprovechan un vínculo así?

“Es algo único del Rayo, por el tipo de aficionados que son el Rayo. Es una afición que, cuando las cosas van mal, une aún más al vestuario, siempre está con el equipo. No recuerdo una sola ocasión en la que se pitara al equipo”, dice Valentín. Si hay magia en este Rayo, si hay una explicación para sus superpoderes y esta increíble racha, está en el barrio. El equipo de fútbol se ha convertido en su barrio. Valentín debería saberlo, él es parte de ambos. La última palabra, con su especial poder de conectar con la gente, de encontrar una historia para cada ocasión, es para Pérez.

“El Rayo es el ejemplo perfecto de que, tanto en la vida como en el deporte, los que pierden, los que enfrentan luchas y soportan el sufrimiento, también pueden saborear al final la dulzura del éxito. Llevamos esto con orgullo. El aficionado es, en cierto modo, lo que deberíamos imitar en el campo; nos nutrimos unos a otros. Es el ejemplo perfecto de alguien que conoce sus raíces, que tiende a perder, pero se niega a renunciar a nada. A veces, se desarrollan historias increíbles, y la del Rayo es una hermosa, que merece ser contada. Esperemos que tenga un final feliz”.

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Álvaro Mendieta

Álvaro Mendieta es un experimentado periodista deportivo valenciano con 15 años de experiencia. Se especializa en coberturas de fútbol para las principales publicaciones deportivas de España.